Mi camino hacia la maternidad: La expectativa vs. la realidad Si bien nunca tuve el deseo de ser madre, cuando Eva llegó a mi útero pensé que naturalmente todo iría bien. Tenía una mirada muy infantil y romantizada, como casi la mayoría de la humanidad, porque eso es lo que veía o creía ver en el entorno. Pensaba: «Las mujeres tienen su embarazo, luego nacen sus hij@s, ya sea por parto vaginal o cesárea». Mi mayor preocupación en ese momento era toda la etapa previa y el parto mismo, a la que le puse toda mi atención. De la etapa posparto solo me preocupaba instaurar la lactancia materna, pero tampoco pensaba mucho en ello; sentía que con la información intelectual que tenía eso iba a ser suficiente. (Ingenua de mí). Para resumir, mis planes fueron cuidar mi salud: nutrirme de manera consciente y hacer yoga. En el último trimestre del embarazo, con el hospital ya elegido, vi sus propuestas, armé un plan de parto e investigué todo lo que se disponía allí para que fuera lo más natural posible. Pensaba que cuidar el cuerpo era parte fundamental del proceso y, ciertamente, lo es. Pero no fui más allá. No pensé en que, así como cuidaba el cuerpo, también tenía que cuidar mi mente e incluso —y más importante— prepararme psicológicamente para todo el cambio de situación de vida que estaba por acontecer. El gran silencio del que nadie habla: posparto Desde hacía mucho tiempo me había creado una vida hermosa. Tenía herramientas y técnicas que me habían funcionado en un gran camino de introspección por años. Me sentía tan bien antes del embarazo que, cuando este llegó, pensé que iba a ser algo bonito y pleno como todo lo demás en mi vida. No pensé en lo que significaba vivir con otro ser con su propio temperamento y que seria totalmente dependiente de mi. Para ser sincera, nunca pasó eso por mi cabeza, no lograba visualizar este después. Tal vez porque sentía que podría con todo, o lo mas atinado porque era un gran silencio, un bache en la transición a la maternidad del que nadie habla, ni siquiera en una familia de mujeres como la mía (¡mi madre tuvo 5 hijas!). Para ese entonces, desde mi ignorancia, tener un hijo era:   Ocuparme de vivir el embarazo de la mejor manera posible, pero desde un lado más físico (alimentación y ejercicio). Ocuparme de ir a los controles necesarios, entender si todo iba bien, conocer el sexo y encontrar un nombre. Elegir el mejor hospital o clínica. Prepararme para el parto y que fuera lo más hermoso y natural posible. Mis expectativas estaban romantizadas un cien por ciento. No había un «después» concreto del parto. Ni de los primeros días en casa con necesidades reales de qué ocuparme, ni cómo nos íbamos a organizar como familia, ni los primeros años de mi hija. Todo ese espacio estaba en blanco. A esto se sumó, tal vez lo más importante: no tenía una red de sostén cerca. Estaba en un país diferente al mío, sola, sin familiares, ni amigas o mujeres madres. Si estaba en pareja con el padre de mi hija, que era de otra nacionalidad y que tampoco hablaba mi idioma nativo. Sé que hay mujeres en diferentes contextos y algunas de ustedes pudieron ver y ocuparse de las cosas importantes y vivirlo, por ende, mejor que yo. Pero también sé que hay mujeres que no, y para ellas es mi relato. Quiero que mi honestidad les sirva: no son las únicas y aquí estamos para acompañarnos. Con el «diario del lunes»: Algunas de las cosas que hoy haría diferente Hoy sé que la maternidad sí necesita una planificación. Aunque no planifiques el embarazo, cuando ya lo estas viviendo hay muchas cosas de las que puedes ocuparte que te aliviarán, te ayudarán a pasarla mejor y a sostenerte (que de eso se trata). Si pudiera volver atrás, estas son las cosas que haría distinto para cuidarme y cuidar mi salud mental durante el embarazo y en el primer mes posparto:   Contar con una Doula: Para contar con un acompañamiento continuo, empático y compasivo. Contar con una psicóloga perinatal: Alguien con quien compartir las inquietudes en este gran proceso transformador. Que me acompañe en el duelo de la vida anterior para tener más herramientas, hacerlo más ameno, trabajar las expectativas del parto y detectar a tiempo procesos donde hay que intervenir, como la depresión perinatal. Mantener el cuidado físico: La nutrición y el ejercicio (como yoga o pilates) son adecuados y nos mantuvieron alejados de problemas de salud físicos a mí y a mi bebé. Elegir minuciosamente al equipo médico: Elegir una clínica, hospital o médic@ donde respeten mi voluntad en la medida de lo posible y tener buenas referencias de un trato digno a la mujer para evitar cualquier situación de violencia obstétrica. Armar un plan «flexible» de parto: Si quiero un parto en casa, tener todo preparado para esto pero con las expectativas muy bien trabajadas, segura y confiando plenamente en mi decisión. Si eliges hospital y/o clinica que tu y quien te acompañe sepan que han escrito, cuales son tus deseos para poder verbalizarlo si hace falta. ¡Hablar de dinero con tu pareja! Tienen que evaluar cómo administrarán las finanzas luego del nuev@ integrante. Ya sea que trabajen o no los dos, con o sin licencia de maternidad: ¡hay que hablar de dinero! Hacerse preguntas y resolverlas juntos antes o en el embarazo es clave para la paz mental: ¿Administraremos el dinero en conjunto o por separado? ¿Quién cubrirá qué cosa a largo plazo? La maternidad nos cambia; muchas nos replanteamos cambiar de profesión o preferimos quedarnos en casa a maternar en tranquilidad (tema que profundizare en otro aparatado de blog). Para tener opciones libres de estrés, organizarse antes es fundamental. Contactar a una asesora de lactancia: Para tomar la decisión (lactancia materna o artificial) antes del parto con información adecuada, planificando el sostén externo (pareja/familia)